implicate

Puertas del Cielo

Imprimir
PDF
puertas“Venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra, así como se hace en el Cielo” Mateo 6:10

Puedo imaginarme a la mujer arrastrándose entre la multitud que oprimía a Jesús, prácticamente sin fuerzas debido a la hemorragia vaginal que había experimentado durante los últimos doce años. Enferma, impura e invisible para aquellos que rodeaban a Jesús entre tanta euforia. Era una mujer anónima en Israel, que lo seguiría siendo para nosotros hoy si no hubiese sido lo suficientemente temeraria como para arrebatar de Jesús un milagro que él no tenía previsto realizar.

 

Se había gastado todo lo que tenía en médicos, que habían experimentado en ella sus tratamientos sin ningún éxito, y todo parecía perdido. Sin embargo, una dosis de Fe inundó su corazón cuando oyó que Jesús pasaba por su barrio y, frente a todo obstáculo, una revelación la impulsaba a creer en lo imposible: “Si tan solo toco el borde de su manto seré sanada”. Esta mujer herida por la vida, entendió una verdad que transformó sus circunstancias: Jesús era una puerta del Cielo sobre la tierra. Y la Fe de esta mujer era la llave que le daría acceso a los recursos ilimitados del Reino de los Cielos, donde se encontraba el milagro que necesitaba.

Cuando tocó el borde del manto de Jesús, él sintió una descarga de poder sobrenatural saliendo de su cuerpo, como un conductor eléctrico conectando dos puntos, Jesús conectó el Cielo con la Tierra, desbordando la salud celestial sobre la mujer. Jesús se paró en medio de la multitud y preguntó quien le había tocado, recibiendo una respuesta casi burlona de sus discípulos que le decían que todos le estaban tocando. Pero Jesús señaló que alguien le había tocado de una manera diferente, con Fe, porque él había sentido como el poder del Cielo se había conducido a través de su cuerpo hacía otro cuerpo. Y la mujer fue sanada.

La vida de Jesús me desafía una vez más, sobre todo cuando he llegado a entender que su vida no es una excepción, sino el modelo que Dios desea para todos aquellos que se llaman sus hijos.

Jesús era un hombre conectado con el corazón de Dios, que siempre hacía la voluntad de su Padre, y  tenía una alta consciencia de su misión: Revelar el corazón de Dios al mundo. Puede ser que a su alrededor dominase la enfermedad, la injusticia y la opresión, pero en el corazón del Padre reinaba la salud, la justicia y  la libertad. Jesús vivía tan conectado con el corazón de Dios, que solo tenía que latir su voluntad en forma de palabras y acciones que desataban todo el potencial sobrenatural del Cielo sobre la tierra.

La mujer de esta historia solo tuvo que tocar a Jesús con Fe y a cambio el Cielo la tocó a ella. ¿Podrá el mundo tocarnos a nosotros y experimentar un encuentro con el corazón del Padre?

He aprendido a orar una oración sencilla pero que me está transformando: “Hazme como Jesús”. Vivir con este anhelo te hace consciente de que heredamos la misión de Jesús de revelar el corazón del Padre al mundo, demostrando cual es su voluntad aquí sobre la tierra, como es en el Cielo, donde la voluntad del Padre se cumple completamente. Como Jesús, somos puertas del Cielo.

Concluyo con una vivencia que experimenté hace unas semanas, cuando volví a comprobar cómo el corazón humano está desesperado por un encuentro con Dios:

Mientras predicaba en un retiro de iglesia, tenía el deseo de encontrar el momento adecuado para orar por una joven de 18 años que se había dislocado el hombro en una pelea y llevaba el brazo apoyado sobre una especie de vendaje. Parecía triste y estaba convencido de que solo un encuentro con el corazón del Padre podría salvarla. Desde el momento que la vi al llegar al lugar, supe que debía orar por ella, pero buscaba el momento de hacerlo fuera de una reunión, ya que aun me siento más cómodo ministrando sanidad con pocos espectadores. Encontré el momento al finalizar el retiro, donde ella, junto con otras dos amigas se dispusieron para orar. Me dijo que llevaba cuatro años alejada de Dios y que en este retiro estaba tomando el compromiso de volver al camino. La ministré primeramente guiándola al arrepentimiento y reconciliación con Dios. Mientras oraba por ella, la presencia del Padre empezó a conmoverla con su amor. Al terminar, la pregunté si quería que orase por su hombro y me dijo que si y al mover su hombro para demostrarme donde le dolía, su hombro crujió audiblemente para todos. Creo que la sanidad comenzó en ese momento, pero oré por ella estirando su brazo y ella podía sentir un hormigueo sobrenatural recorriéndole todo el hombro hasta el cuello, hasta que el dolor desapareció.

El Cielo y la tierra se estaban conectando una vez más, trayendo perdón y sanidad directamente del corazón del Padre a esta chica. 

Escrito por Itiel Arroyo